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domingo, 29 de enero de 2017

Baldomero Giménez Luque, impresor, periodista y escritor

Dedicado a todos cuantos participan del espíritu de Don Baldo.


He titulado esta entrada añadiendo junto al nombre de Baldomero Giménez Luque, sus ocupaciones de impresor, periodista y escritor. Soy consciente, sin embargo, que me dejo atrás su condición de historiador, que lo fue, no como una ocupación, sino como consecuencia de su consciencia acerca de que todo cuanto escribía era susceptible de ser leído y consultado en el futuro, para conocer la sociedad que Don Baldo compartió.


Y aunque este cuaderno lleve el título de Pontanos Ilustres, aun siendo Baldomero natural de Vélez Málaga, fue tanta su identificación con Puente Genil, tan inabordable su legado y tan ingente su aportación al conocimiento de esta villa pontana, que he querido honrarnos a nosotros mismos incorporándolo a nuestra nómina de Pontanos Ilustres.


Baldomero Giménez Luque, alrededor de 1913


Baldomero Antonio de la Santísima Trinidad Giménez Luque nació en Vélez Málaga a las siete de la mañana del 11 de julio de 1871, de familia humilde y malagueña por los cuatro costados. Su padre, Francisco Giménez Pareja, carpintero, natural de Vélez Málaga; su madre Remedios Luque Elías, de profesión las propias de su sexo y de su tiempo (por error, o simple desconocimiento, en la partida de defunción de Don Baldo se recogerá que su madre se llamaba Francisca); nieto por línea paterna del labrador de Cedella Luis Giménez Aragón, de Cómpeta, viudo de Ana Pareja; y nieto por línea materna del también labrador Francisco Luque y de Remedios Elías, ambos naturales de Vélez Málaga.

El primer escrito conocido firmado por Baldomero data de 1894 y lo hará en Las Dominicales del Libre Pensamiento (1883-1909) del 4 de mayo de aquel mismo año, bajo el seudónimo que utilizará durante toda su vida, “Crescencio”, posiblemente su nombre clave en la Gran Logia Simbólica Provincial de Málaga. Es el poema titulado “¿Por qué ha muerto!” en memoria del político, periodista y escritor Ramón Chíes. 

El sábado 11 de enero de 1896, a la edad de veinticuatro años, contrae matrimonio en Puente Genil, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación y de la mano del señor cura Rodrigo Carmona Cantos, con la pontanensa Encarnación Morales Pérez, hija de Fernando y Mª Dolores, estableciendo su domicilio en la cuesta Baena, donde al tiempo abriría su primera imprenta (en su partida de matrimonio aparece ya con la profesión de tipógrafo).

En 1903 lo descubrimos designado secretario del Comité Republicano Federal de Puente Genil y como impresor de La Bética, semanario republicano federal (1903-1905) fundado y dirigido por José E. Delgado Bruzón, en su imprenta de la cuesta Baena nº 3.  Aunque no hemos encontrado en La Bética ningún escrito firmado por Baldomero, sabemos que era mucho más que su impresor: no sólo por su condición de corresponsal del periódico en pueblos cercanos, o porque su estilo en la redacción de las noticias es inconfundible, sino porque el mismo Don Baldo nos dirá años después que “en tal periódico mangoneé yo, y me interesa que las generaciones futuras lo sepan por razones que me reservo, por ahora. Ya tendré ocasión de exponerlas” (Efemérides Pontanenesas). Enigmático Don Baldo.

En 1904 participa ya en el Almanaque de La Ortiga con su texto “Usted se entiende” junto a plumas como la de Narciso Díaz de Escobar o Eduardo de Ory, entre otras, y en 1905 se encuentra plenamente asentado en Puente Genil e imbricado entre las fibras de la sociedad pontanensa. Es admitido como socio de número en la más prestigiosa sociedad de la villa, como es el Casino Liceo (en 1914 también se encontrará entre los socios fundadores del Casino Mercantil), entonces con sede en la calle Don Gonzalo nº 26 y bajo la presidencia de Juan Delgado Bruzón. Ese mismo año es concejal republicano en el Ayuntamiento presidido por Juan Delgado Bruzón y del que también formaron parte, como primer teniente, Manuel María Melgar, como segundo, Pedro Ariza Estrada, tercero, Antonio Romero Jiménez y José E. Delgado Bruzón como síndico del Ayuntamiento (los síndicos tenían encomendadas una serie de funciones relacionadas con matrículas de comercio, alistamiento y sorteos, milicia nacional, sanidad, instrucción pública, enajenación de bienes, censos, padrones… y otros). 

De ideas republicanas (el propio José E. Delgado Bruzón lo llama “nuestro distinguido amigo y correligionario”), nunca se identificó con quienes hacían de la política una trinchera, un campo de lucha radical, de insultos y exabruptos. Todo lo contrario, un inagotable abogado en pro del entendimiento y la concordia, que jamás renegó de sus ideales ni de sus amigos republicanos, como lo prueba su asistencia, junto a significados dirigentes socialistas y republicanos, al homenaje en la Huerta de Ibarra a Gabriel Morón Díaz, a quien llama “querido amigo”, tras su indulto en 1922.

En la misma línea encontramos la dedicatoria a José E. Delgado Bruzón de su novela La Traviesa, en la que, tras lamentarse de que algún mediocre o pobre de espíritu pudiera encontrar en ello dobles intenciones, aclara que la única idea que le ha guiado al escribir la obra es “satisfacer el vehemente deseo que siempre he sentido de elevar un canto a la voluntad” (lo que constituye en última instancia la tesis de La Traviesa) y acaba suplicado a su amigo “acepte este insignificante obsequio que, con el solo objeto de pagar una deuda de gratitud y rendir un tributo de pura amistad, dedica su mejor amigo”.

Desconocemos cuál fuera el motivo de su arribo a Puente Genil, donde con Encarnación, profesora de primera enseñanza, fallecida a comienzos de 1921, formaría una familia junto a sus hijas Laura y Concepción, a quienes dedicará, con el humor y socarronería que siempre lo distinguieron, El Cuento de la Viuda (estrenada con éxito en el Teatro Circo de Puente Genil el 8 de noviembre de 1913 y que publicaría en 1916), con las siguientes palabras:

“A mis hijas Laura y Concha, en razón a que puedo estirar la pierna el día menos pensado y dejarlas sin tener nada de su padre, dedicado a ellas. ¿Está mal?”.

Descendencia de Baldomero Giménez Luque
Autor: Luis Velasco Fernández-Nieto
Laura contrajo matrimonio en diciembre de 1917 con el poeta egabrense Federico Valentín, que ya era regente de La Estrella, haciéndolo Conchita con Pedro Albelda Carvajal, dueño de la cordobesa Imprenta Torres, el 5 de abril de 1920 en la Parroquia de la Purificación, bendiciendo este acto el doctor en Sagrada Teología José Estrada Ruiz, apadrinados por Tomás Albelda Carvajal y su esposa Rosario Luque Estepa. Pedro Albelda se suicidará en julio de 1927, disparándose en la cabeza, en su domicilio de la Plaza Nacional. Federico y Laura tuvieron al menos un hijo en 1919, Federico Valentín Jiménez, de quien sabemos fue arrestado en Puente Genil con solo catorce años, el 8 de noviembre de 1933, por distribuir propaganda electoral ¡autorizada! (los difíciles años treinta). Conchita dará a luz una niña en mayo de 1921 que, sin embargo, fallecerá poco después, en agosto de 1922. No obstante, sabemos que tuvo, al menos, dos hijos más. Federico Valentín era conocido como “Chubesqui” y durante un tiempo, al menos en 1924, fue jugador del “Genil F.C.”  y designado por la Audiencia Provincial de Córdoba fiscal municipal en 1930 (seguía siéndolo en 1932) en unión de Carlos Delgado Delgado como juez.

A pesar de mantener una constante, pero solo aparente, exposición pública personal, imagino a Don Baldo tremendamente celoso de su intimidad, pudoroso en las ocasiones en las que él mismo -o su actividad- se convierten en objeto de noticia. Varios son los indicios que nos hacen pensar de esta manera: al estrenar su obra Plutón en 1913, sus incansables colaboradores y mejores amigos Julio Montilla y Manuel Pérez Carrascosa, casi asaltaron las máquinas de La Estrella, se hicieron con ellas y así, de esta guisa, lograron plasmar el homenaje popular de que Don Baldo fue objeto. Sospecho, sin embargo, que sus amigos aprovecharon la excusa del estreno de Plutón, no para homenajear al autor por tal motivo, sino para testimoniar al bueno de Don Baldo el sincero afecto, el cariño y reconocimiento que sus amigos le profesaban. Al final de aquel banquete y agradeciendo el gesto afectuoso de que era objeto, testimonió también su amor a Puente Genil:

“…Pero no cejaré. Yo necesito
y lo digo señores, con jactancia,
demostrar que si no tuve la suerte
de nacer y pasar mi triste infancia
en este pueblo hospitalario y noble
cuyo cielo purísimo me encanta,
le profeso un amor grande y profundo,
tan profundo y tan grande, que no halla
la idea mi cerebro, por mezquino,
ni mi boca por torpe, la palabra
con que expresar la magnitud del término
que admita de este amor la comparanza.

Porque en él encontré franco cariño,
protección y amistad leal y franca,
y os juro que jamás clavó en mi pecho
la repugnante ingratitud su garra…”.

Don Baldo representa un tipo de hombre poco frecuente no sólo en su tiempo, también hoy: desprendido, generoso, dotado de una altura de miras poco común, inteligente y culto. 


Cabecera de El Aviso
Puente Genil mantiene con Don Baldo y con El Aviso una deuda de gratitud y de admiración nunca bien ponderada. A través de su semanario recorremos no solo el día a día de la villa pontanesa durante casi veinte años, sino que gracias a él podemos aún disfrutar de buena parte de la creación poética de aquel tiempo que, de otra forma, se habría perdido para siempre. Natalicios, fallecimientos, acontecimientos de relevancia, efemérides, censos, establecimientos de nuevas industrias, polémicas… El Aviso nace el 2 de mayo de 1911 (de lo cual dio cuenta el Diario de Córdoba en su resumen literario para Córdoba el 1 de enero de 1912), siendo el admirado Baldomero su director, impresor y redactor que le dio vida en su imprenta La Estrella, en la calle Don Gonzalo 17. A su fallecimiento en 1929 su yerno continuará editando El Aviso alrededor de un año hasta su definitiva desaparición en 1931.

Su amistad, por mor de colaborador luengos años, con Julio Montilla (Julio Giménez de Montilla e Ibarra) y el luctuoso final del poeta y escritor romántico pasan por las páginas de El Aviso con discreción y elegancia, sin hacer jamás drama de la tragedia, sin rellenar páginas de lacrimosa desesperanza. Por idéntico motivo, es buen amigo del egabrense Federico Valentín de la Rosa (en 1912 en Iznájar representó su sainete “Aquí me falta un zapato, o ¿quién me compra estas patas?”), cuyos versos aparecen en El Aviso casi desde su fundación y, sin embargo y a pesar de que debía ser un hecho público y notorio, ni lo exalta, ni hace noticia de lo que sólo es un hecho íntimo y familiar. La relación de Federico Valentín y Don Baldo es, como vemos, muy anterior a la que mantendría el poeta con su hija Laura, lo que nos hace conjeturar y preguntarnos si no sería esa amistad la que llevó más tarde al amor entre Federico y la que sería su esposa.

Socarrón, irónico, generoso, cariñoso y, sin embargo, inflexible en asuntos que pudiera considerar perjudiciales para Puente Genil, justo y equitativo, no dudaba un segundo en ceder páginas y páginas de El Aviso a quienes expresaban pareceres completamente antagónicos a los suyos y mantener con ellos polémicas y jugosas discusiones, a veces agrias, en su recordado semanario. 

En sus versos gusta de provocar la risa, a veces una auténtica carcajada, a veces ocultando su fina intención tras unas composiciones aparentemente fáciles e ingenuas para quien no conozca la dificultad de escribir bien bajo la apariencia de la sencillez. 


Es el sentido del humor sin asperezas, sin dobleces ni segundas intenciones, lo que mejor identifica a Baldomero. Aquel 1912 coincidió la salida de El Aviso con un 28 de diciembre, lo que aprovechó el veleño para llenar sus páginas de bromas e inocentadas.Y nos cuenta que durante meses había guardado el secreto de que una compañía belga estaba comprando veinte kilómetros cuadrados de terreno entre la Fuente del Yeso y La Pitilla para instalar una fábrica de ratoneras de alambre. En el artículo daba cifras concretas del número de puestos de trabajo que crearía la fábrica, el capital social de la compañía, el nombre de su representante en Córdoba o la distribución de la extraña industria, uno de cuyos departamentos sería uno “bastante amplio para encerrar los ratones necesarios para probar la resistencia de las ratoneras antes de lanzarlas al mercado”.

Conoció y admiró al insigne historiador Antonio Aguilar y Cano de quien, quizás, bebió la necesidad de ser extremadamente escrupuloso con los datos y la información que al lector se ofrecen. Don Baldo se nos muestra extremadamente delicado al aportar cifras o detalles exactos, participándonos la fuente de su información, aclarándonos si los detalles son realmente exactos, aproximados o simples elucubraciones o hipótesis. Gracias a él, a su particular manera de concebir la Historia, su semanario se ha convertido en un auténtico manual de consulta del devenir cotidiano de buena parte del siglo XX. Ejemplo de la concepción de aparente cotidianidad, mas con vocación historicista de El Aviso, son las líneas del prólogo de su Efemérides pontanenses


“A este género de libros le sucede lo que al vino; cuando mosto, vale poco; pero a medida que pasa el tiempo, si no se echa a perder, va adquiriendo valor cada año que por él pasa. Un libro que solo contenga apuntes históricos, y más si se hicieron pocos ejemplares, hoy no tiene valor ninguno, porque, como el vino, está en mosto. Cuando le pasen muchos años, tendrá mucho valor el ejemplar que, ileso, llegue a manos de quien pueda utilizarlo”.

Como autor de obras de teatro, escribió el entremés El hombre y el oso, el sainete titulado El maestro Chapetas o ¿a quién le hago yo un encargo?, El tigre negro (aunque también lo hemos encontrado referenciado como El tinte negro), el drama en tres actos Plutón y El Cuento de la Viuda (juguete cómico en dos actos, al que ya nos hemos referido); como novelista, es autor de La Traviesa; como poeta, escribe Chirigotas y un tomito de composiciones poético festivas titulado Al amor de la lumbre (1912); y en otros órdenes, Efemérides pontanenses (1916) y el Almanaque guía de Puente Genil para 1915 que tiene como portada un fotograbado del paseo de la Plaza Nacional, conteniendo en su interior el santoral, datos sobre la villa, calles, guía oficial, plano de la localidad, guía general, conocimientos útiles y anuncios,

Bajo el seudónimo de “Triquiñuelas”, Ricardo de Montis dedicará a Baldomero los versos siguientes:
“Echaré a libros el día,
lo cual no es echarlo a perros.
Otra obrita ha publicado
mi amigo don Baldomero
Jiménez Luque, un poeta
muy laborioso y modesto.
En ella ha recopilado
varios ingeniosos cuentos
escritos con mucha gracia,
que forman un libro ameno.
Quien quiera pasar un rato
de agradable esparcimiento
compre Al amor de la lumbre
y conseguirá su objeto”.

Ricardo dirá de El Aviso en 1912 que "sin género alguno de dudas resulta este periódico, tanto por su contenido como por su confección, el mejor de cuantos se han publicado en nuestra provincia". Y tal afirmación en boca de quien fuera redactor de El Comercio de Córdoba, primero, y director de El Diario de Córdoba a partir de 1929, adquiere tintes de auténtico reconocimiento.

Sobre La Traviesa nos dirá Julio Montilla, que esa obra sirvió para expulsar a Baldomero del elenco de autores considerados únicamente como festivos. Una obra compleja, social, que hace al crítico preguntarse  lo siguiente: “mas… ¿dónde ha aprendido Baldomero Giménez psicología tan profunda ¡Qué sé yo! Es más: no pretendo indagarlo. Lo que no me cabe duda es que su pluma ha sido escalpelo valiente, que ahondando en el alma humana, nos ha descubierto de un modo maravilloso una tremenda llaga social”. Es ciertamente una obra bien escrita y construida en varias etapas físico temporales, en la que vemos reflejada la personalidad de Don Baldo a través de Mercedes, “la Traviesa”, y su impresionante historia que sitúa en un imaginario pueblo malagueño llamado La Llanada.

Leopoldo Parejo Reina, el veterano poeta de Puente Genil dedicará los versos siguientes:

<<Quisiera yo tener para alabarte
-alabanza, sin duda, merecida-
del insigne Azorín la prosa fluida,
su elegante dicción gloria del arte.
Quisiera yo, también, felicitarte
por tu linda novela, que es la vida,
la vida idealizada, convertida
en venero del bien, lisonja aparte.
Yo leí de un tirón, sí, tu Traviesa
y a pesar del esfuerzo no me pesa,
pues conservo el recuerdo más profundo.
Por mucho tiempo guardaré memoria
de una tan bella como dulce historia,
y así opina también el “Nuevo Mundo”>>.

Julio G. Montilla Ibarra
Julio Montilla es amigo, es poeta, alma sensible, quizás atormentada por no sabemos qué miedos o concepto de la realidad, pero es, sobre todo, un apasionado de las letras, de la literatura, de la prensa y del teatro. Cuando en 1913 el prolífico director de El Aviso estrena su comedia en dos actos El Cuento de la Viuda, nuevamente es Montilla quién ejerce de crítico implacable en el semanario. El sainete, divertido, genial y ocurrente, nos cuenta la historia de Sagrario, joven viuda que a la muerte de su marido jura no volver a casarse, pero conoce a Enrique y… (léase, por favor, la comedia en https://archive.org/details/elcuentodelaviud2292gimn). Montilla compara el sainete de Don Baldo con cualquiera de los hermanos Álvarez Quintero, y cierto es que sigue ese estilo ágil y lleno de ingenio, pero en su papel de crítico no duda en poner peros a la obra del amigo, sacando a la luz algunos defectos de los que el sainete adolece.  Nunca compró la amistad a los honestos. Aún así, el mismo Baldomero, a quien los elogios siempre incomodaron, dudó hasta el último momento en publicar la crítica de Montilla, resignándose a hacerlo porque nadie pudiera interpretar retorcidamente su no publicación.

Pero el amor de Baldomero por el teatro no se limitaba a escribir sus obras, ni a representarlas en nuestro Teatro Circo, ni si quiera a emitir críticas sobre las que se ponían en escena en aquel Puente Genil, sino que, además, ejerció como director artístico de la sociedad Benavente, la cual le distinguió con un banquete en la Fonda Española (calle Don Gonzalo 51 y que anunciaba como reclamo publicitario “luz eléctrica en todas las habitaciones”) por su onomástica en 1918 y al que asistieron José Aragón Miranda, Salvador García Rivas, Julio de la Vega Espadiña, Francisco Cantor Baena, Antonio Perailes Montero, Carlos Graciano Cuenca, Miguel Muñoz Morales, Salvador Recio Nieto, Joaquín Jurado Palos, Lorenzo Torres Domínguez, Federico y Francisco Valentín de la Rosa, Francisco Vida Padilla, Francisco Sampedro Martínez, Eugenio Feliú Serret, Pedro Calmaestra Gámiz, José Meral Hurtado, Manuel Carmona Delgado, Enrique Pino Reina, José Pavón Zamora y Miguel García Navas.

Incansable organizador de homenajes, eventos y conciertos, fue fundador de Los Amigos del Libro y Juventud Cultural, colaborador en El Parnasillo, participó en Los Amigos del Arte y su órgano de expresión “Ideales”, su labor fue esencial para la creación de la Escuela de Artes y Oficios de Puente Genil, para la implantación en la villa del movimiento scout, conocido aquí como “Los Exploradores”, o para la construcción de la Plaza de Toros, por la que abogaba públicamente enardeciendo a los lectores y polemizando con sus detractores, mucho antes de que fuera una realidad. 

En definitiva Don Baldo formó parte de una élite cultural e intelectual, no social, que dinamizaron la cultura, también la industria y la economía, en aquel Puente Genil de comienzos del siglo XX, auténticas décadas de oro de nuestro municipio: Miguel Romero, Pérez Carrascosa, Aguilar y Cano, Pérez de Siles, Leocadio Santaella, Manuel y Emilio Reina Montilla, José Contreras Carmona, Manuel Rey Cabello, Rodrigo García Luque, Antonio Baena Delgado, Justo Estrada Haro, Ricardo Moreno, Manuel María Melgar, Leopoldo Lemonier…

Especialmente curiosa es la obrita Efemérides pontanensas, a la que ya nos hemos referido más arriba. Basada en los Apuntes históricos de la villa de Puente Genil y en El Libro de Puente Jenil, en los que Agustín Pérez de Siles y Antonio Aguilar y Cano vierten una ingente cantidad de datos históricos, que Don Baldo ordenó por días, meses y años, publicando en El Aviso a partir del 1 de enero de 1916, la efeméride correspondiente a cada día de la publicación del semanario y desarrollando cada uno de los acontecimientos gracias a la colaboración de Aureliano Borrego Pradas, Rafael Morales Rivas y Rafael Moyano Cruz y a los manuscritos de Agustín Aguilar y Cano. Una curiosa obra que guarda cientos y cientos de datos de carácter histórico sobre Puente Genil desde el 9 de marzo de 1126 (“Celebra batalla, en que los cristianos, a las órdenes de Alfonso I de Aragón , El Batallador, les dieron palizón tremendo a los moros mandados por el Emir Abu Tahir, en los campos de Castillo Anzur, de este término municipal”) hasta el 1 de diciembre de 1915 (“El tren de Mercancías 201 arrolla a la guarda barrera del paso a nivel de los Arroyos, hermosa joven de quince años, llamada Encarnación Aguilera Aguilar”). 

Pero las atenciones y la delicadeza de Don Baldo llegan al extremo de dejar sin publicar algunos datos que le hubiera gustado plasmar para el conocimiento de generaciones futuras. Solo leyendo su justificación podemos alcanzar a imaginar la elegancia, la altura de miras y la generosidad de un ser de antología:


“Que se me han quedado en cartera muchos hechos notables acaecidos en este pueblo, no hay para qué decirlo; pero no los he publicado por razón de prudencia. Viven aun muchos de los protagonistas de unos hechos; los parientes de otros, y no me he creído con derecho a poner en ridículo a nadie, ni aun cuando se trata de mi mayor enemigo. En este respecto tengo un criterio cerrado, a saber, que nadie tiene derecho a molestar a nadie. No creo tener enemigos, a Dios gracias; pero si los tuviera, y hubieran sido protagonistas principales o auxiliares de un acontecimiento digno de ser comentado desfavorablemente, yo respetaría a mi enemigo, con la misma consideración que al amigo”

A criterio del lector dejo la reflexión sobre si este espíritu recto sigue imperando en nuestros días.

Fue colaborador del Diario de Córdoba, donde a partir de octubre de 1912 publicó una serie de artículos sobre la filosofía del lenguaje, de idéntico título.

Tumba de Don Baldo en el cementerio de Puente Genil
Murió por tuberculosis en su querido Puente Genil, en su domicilio de la calle Don Gonzalo 17, la tarde del 30 de mayo de 1929. Con esa fecha aparece registrada su defunción en el Registro Civil, existiendo discordancia respecto a la inscripción que aparece en la lápida que guarda sus restos en el cementerio pontanés (31 de mayo). Su pueblo de adopción y de corazón, Puente Genil, acordó en sesión de 27 de enero de 1934 rotular una de las calles de la villa, en la zona de expansión del municipio, con el nombre de Baldomero Giménez Luque. Desgraciadamente se rotuló erróneamente al escribir su apellido con J en lugar de con G, algo que hubo de sufrir constantemente a lo largo de su vida. Y cómo no, de su muerte.



Fuentes:

  • Luis Velasco Fernández-Nieto, que me lanzó varios cabos a los que poder agarrarme.
  • Texto de la conferencia "Puente Genil, reflejo histórico en la prensa escrita", Javier Villafranca Muñoz, pronunciada el 4 de marzo de 2016 en el Teatro Circo de Puente Genil, con motivo de los actos de celebración del CCCL Aniversario de las figuras de Dimas y Gestas de la Corporación Bíblica Los Ataos.
  • El Defensor de Córdoba, diario católico de noticias.
  • Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos.
  • Archivo Casino Pontanés de Puente Genil.
  • El Pontón, órgano de difusión de la asociación Amigos de Puente Genil.
  • El Aviso, semanario independiente. Defensor de los intereses comerciales, industriales y agrícolas de esta zona.
  • La Voz, diario gráfico de información.
  • Anuario regional descriptivo, informativo y seleccionado de la industria, comercio, agricultura, profesiones, arte y turismo de la región de Andalucía y Norte español de África.
  • Las Dominicales del Libre Pensamiento
  • El Nuevo Régimen, semanario federal.
  • ABC Sevilla
  • Mundo Gráfico, revista popular ilustrada
  • Wikipedia, la enciclopedia libre.

martes, 10 de mayo de 2016

Antonio Romero Jiménez, alcalde

Acostumbrados, como desgraciadamente estamos, a dar por sentada la escasa honorabilidad de los políticos y a poner constantemente en duda la honradez de quienes tienen entre sus manos el destino de los fondos y proyectos públicos, bucear en la trayectoria personal y política de Antonio Romero Jiménez supone, desde luego, un consuelo y un baño de esperanza para el alma.Sin lugar a dudas Antonio Romero Jiménez, Romerito, debe ocupar uno de los más elevados escalafones en cuanto a su consideración, si no como el mejor, sí como uno de los grandes alcaldes de los casi cincuenta que han titulado Puente Genil a lo largo del siglo XX.

Publicado en La Voz 10 abril 1921
Desde muy joven, imbuido de claras ideas socialistas, aparece comprometido en una lucha activa a favor de los más desfavorecidos, basándose en un socialismo moderado pero firme, alejado de las agresiones políticas, verbales e incluso físicas, tan frecuentes en las primeras décadas del Puente Genil de siglo XX. Un siglo, un comienzo de siglo plagado de tensiones, cambios de regímenes, de sistemas de gobierno, alternancias, disputas entre facciones de los mismos partidos, luchas de poder, indefiniciones e intransigencias. En ese marco, muchas veces de intolerancia y extremismos, surge en Puente Genil la figura de Antonio Romero Jiménez, un hombre con la capacidad de defender los intereses de los más débiles  y, al mismo tiempo, gozar de la consideración de los mayores contribuyentes, industriales y propietarios de su tiempo: Miguel Chacón Castuera, Enrique Reina Morales, Francisco García-Hidalgo Morales, Federico Reina del Pino, Rafael Moyano Cordón, Manuel Parejo Delgado…

En 1901 participa ya en la creación en su pueblo natal del Comité Liberal Dinástico, presidido honoríficamente por Práxedes Mateo Sagasta y el Marqués de la Vega de Armijo, Antonio Aguilar y Correa, y presidido en la práctica por Antonio Noguer Parejo. Antonio Romero formará parte del dicho Comité en unión de Quinidio Melero Marañas (vicepresidente), Alfredo Borrego Melgar (secretario), los médicos Pascual Crespo Morales y Miguel Muñoz Muñoz, los propietarios Manuel Molina Borrego, Manuel García Ruiz, Francisco Gómez Morales y Antonio Delgado Gálvez. Poco después, en 1905, ya es teniente de alcalde junto con Pedro Ariza Estrada y Manuel María Melgar (uno de los más generosos pontanenses que ha dado la historia) en un Ayuntamiento presidido por Juan Delgado Bruzón y del que, entre otros y a modo de curiosidad, también formaba parte Baldomero Giménez Luque, años después director de El Aviso y en aquel entonces impresor.
Concepción Romero Jiménez,
hermana de Romerito
Quinidio Melero Marañas,
casado con Concepción Romero Jiménez























Rótulo cerámico antigua Plaza General Sanjurjo,
hoy Plaza Nacional
Su época más relevante a nuestros efectos, aquella en la cual puede hacer realidad, o luchar al menos por hacer realidad su soñado Puente Genil, comienza a partir de 1920 al ser elegido alcalde de la villa. No obstante, y como es lógico, previo a ello participa de la vida política y social de Puente Genil, asiste al banquete ofrecido en enero de 1917 en el restaurant de la Estación al también socialista y dramaturgo, su buen amigo, Joaquín García Hidalgo Villanueva por el estreno de su obra El crimen de un sabio. Un banquete que fue ofrecido por Agustín Álvarez de Sotomayor quien, a los postres, manifestó el buen efecto que al público había causado el estreno del drama y auguró al autor días de gloria y triunfos. Dos meses después asiste como integrante de una comisión, a la recepción ofrecida al Gobernador Civil de la provincia, Emilio Díaz Moreu, en su visita a Puente Genil con motivo de la devastadora riada de aquel año (que, sin embargo, se quedará pequeña en comparación con la de 1963). Y hará lo propio, invitado por Dolores Morales, viuda de Gosálvez, a la llamada expedición artística a Badolatosa donde, la hasta entonces innominada Sociedad Artística benéfica de Puente Genil se trasladó para representar las mismas obras que habían puesto en escena en Puente Genil: “Puebla de mujeres” y “La Niña de Juana”. Asistieron junto con Romero el Coronel de Vad Ras José Sanjurjo, con quien le unía buena amistad y que años después será nombrado Marqués del Riff por Alfonso XIII, asistió también el entonces Teniente Coronel José Fernández Villa-Abrille y paisanos de Puente Genil afines a las letras y a la cultura, a saber, Francisco Lora, Vicente Moyano Campos, Rafael Moyano Cordón…

Paseo del Romeral, febrero 1924
Fotografía aparecida en La Voz, 2 de junio 1920
A las elecciones de 1920 concurrió por “La Casa de Todos” frente a republicanos y socialistas, resultando elegido alcalde y, sucediendo a Francisco del Castillo Estrada, que cesó el 30 de marzo de 1920. Romero se mantendrá al frente de la corporación municipal hasta el 26 de octubre de 1922. Hombre laborioso y modesto, pone en marcha una serie de reformas centradas en lograr el abastecimiento de aguas a toda la población, reforma del acerado y pavimentación de calles, construcción de un lugar de paseo en la Matallana (lugar que el pueblo llamó, en reconocimiento a su alcalde, Paseo del Romeral), construcción de un mercado de abastos, aumento de la guardia municipal y mejora de sus salarios, restablecimiento de la autoridad y salvaguarda de las costumbres y la moral. Al poco, Antonio Romero se convierte en uno de los alcaldes más populares y considerados de España. Renunció en público y en privado a la lucha por conseguir cargos de más importancia o más renombre, consagrado como estaba a las labores de mejora de su pueblo Siempre afirmó y declaró que el mejor pago que recibía era el afecto y consideración de los pontanenses. Luchó y trabajó en la medida de sus posibilidades, por la mejora de la formación y fomento de la cultura de su pueblo, consiguiendo la donación de varios trajes a las escuelas de la villa para que con ellos fueran premiados  los mejores alumnos. Así, por su iniciativa, el comerciante José Morales Cano donó cinco trajes el mes de septiembre de aquel año, con los que fueron premiados los niños José Moreno Pariente (Plaza de Santiago nº 6) de la escuela de don Miguel Córdoba; Isidro Ruiz Cáceres (calle Manuel Morales –hoy Aguilar– 36) de la escuela de don Antonio Bajo González; Antonio Lozano Núñez (calle Juan Rodríguez nº 9) de la escuela de don Francisco Vila; el niño José Márquez Cuesta (calle Linares 17) de la escuela de don José Górriz; y el niño Antonio Guerrero García (calle Fuensanta 30) de la escuela de don Antonio Calvo. Logró, a diferencia de lo que estaba ocurriendo en muchos lugares de España, mantener el pan a bajo precio, a pesar de la entrada en vigor del nuevo régimen de libre contratación para la venta de trigo y harinas. Y lo logró merced a sus buenos oficios, a las buenas relaciones con los propietarios de las fábricas y, sobre todo, a su lucha fecunda en pos de lo que consideraba era de justicia, en una sociedad profundamente marcada por el desempleo y a la que un incremento en los precios del pan agravaría sin duda una situación de imperiosa necesidad.
Organizó una función benéfica a beneficio del aguinaldo del soldado en la que participó Manuel Rey Cabello (para más información sobre este autor y esta función pinchar sobre el enlace http://pontanosilustres.blogspot.com.es/2015/10/manuel-rey-cabello-poeta-comercial.html), inició las gestiones para la adquisición de un local al que, por su estado ruinoso, trasladar las dependencias del Ayuntamiento. Para dar una idea del estado del edificio no tenemos más que leer el bando publicado a comienzos de 1921 en el que se lee:
“Don Antonio Romero Jiménez, alcalde presidente del ilustre Ayuntamiento de esta villa, Hago saber: que dicha corporación en sesión celebrada el día de ayer y en vista del estado ruinoso en que se encuentra la casa Ayuntamiento, ha acordado que los actos de clasificación y declaración de soldados y revisión de años anteriores, se celebren en los locales que en el ex convento de San Francisco ocupan las escuelas nacionales, a fin de evitar las desgracias que pudieran sobrevenir por acumulación de muchas personas en aquella. Lo que hace público para conocimiento de los interesados y vecindario en general. Puente Genil 27 de febrero de 1921. Firmado, A. Romero”.
Lejos de aceptar el estado de las cosas, en el mes de abril, Romero ya había encargado a un arquitecto los planos y estimación del presupuesto de reedificación del edificio y tomado en arrendamiento la casa de la calle Godínez conocida como el Jardinito, a donde trasladó las oficinas y dependencias municipales.










































La realización de infraestructuras y obras públicas, al igual que hoy, era un instrumento utilizado por los Ayuntamientos para paliar el desempleo, por lo que el adoquinado y acerado de calles era una actividad frecuente. En abril de 1921 ya se encontraban muy adelantados los trabajos de adoquinado de la calle Cánovas (hoy Alcaide), terminado el cual comenzarían las mismas labores en la calle Borrego. Después le tocaría el turno a la cuesta Baena, el adoquinado que faltaba en la calle Don Gonzalo hasta el Paseo y el de la calle Lemoniez hasta la esquina de Delgado; el acerado de la calle Susana Benítez, la colocación de la nueva tubería para mejor encañar las aguas desde Fuente Álamo…
Todos los desvelos, la honestidad y popularidad de Antonio Romero fueron parcialmente agradecidos por sus amigos, quienes al cumplirse el primer aniversario de su toma de posesión de la alcaldía le agasajaron con un banquete íntimo en “La Cachimba” al que asistieron Pascual Crespo Morales, Francisco Chacón, Pascual Bracho García-Hidalgo, José Marta López Quintero Manuel García-Hidalgo Villanueva, Carlos Melgar, Manuel Quintero, el Conde de Casa Padilla (enlace), Manuel López Quintero, Alberto Álvarez de Sotomayor, Rafael Rivas Morales y Rafael Moyano Cordón. La prensa, al conocer la celebración de dicho agasajo, estimó absolutamente “necesaria la celebración en su honor de un banquete monstruo, de carácter popular, que podría celebrase en el paseo fundado por él, que el pueblo ha bautizado dándole su nombre de Paseo del Romeral”.

Gracias a sus gestiones se consiguió instalar una nueva sala de operaciones en el Hospital, se introdujeron notables mejoras en la Escuela de Artes y Oficios, se procuró la higienización de la ciudad mediante la utilización de nuevas conducciones de aguas y se establecieron nuevas fuentes y abrevaderos. Por todo lo cual el periodista de La Voz (10 de abril de 1921) exclama: 
“…creemos nuestro deber no regatear nuestros elogios a don Antonio Romero Jiménez, a quien, en definitiva, basta con el elogio que su pueblo le tributa a diario con el acatamiento incondicional de sus decretos y con la colaboración que presta a su meritoria labor ¡Ojalá todos los pueblos de España tuviesen al frente de sus municipios hombres de la contextura de este alcalde de Puente Genil! Muy otra sería la vida española, y muy otras las preocupaciones de los directores de la nación”.
Considero que el mérito del alcalde Romero y la aceptación e identificación del pueblo hacia su labor y persona, radican en que supo, y quiso, renunciar a la política con minúsculas, a la política de partidos, a las artimañas y encrucijadas, consagrándose las veinticuatro horas del día a procurar el bienestar y el desarrollo de sus vecinos.

Elaboró unas nuevas ordenanzas municipales que repartió casa por casa entre todos sus vecinos, compuestas por ciento veinticinco artículos distribuidos en veintidós capítulos, con medidas sobre la seguridad y la comodidad de los ciudadanos, así como para el embellecimiento, aseo y policía de la población, pero con especial incidencia en la higiene y sanidad públicas. Prohíbe incluso el tránsito de perros sin bozal por las calles, caminos y vías públicas. Coincidiendo con un nuevo éxito de los aceites de Puente Genil, logrando siete de los quince premios en la Exposición Regional de Aceites celebrada en Córdoba, recomienda el alcalde a dueños y arrendatarios de fábricas aceiteras, que procedan a la limpieza de las alpechineras. Los premios logrados aquel año correspondieron a las muestras “Jesús Nazareno” de Isabel de Ariza Estrada (1er. Premio), “Juanito” de Felipe López Rivas (2º Premio), “José”  de Manuel Vergara (3er. Premio), “Francisquito” de Manuel Gómez Perales (4º Premio), “Traba” de Manuel Parejo Delgado (9º Premio), “Elena” de Juan Delgado Bruzón (11º Premio), “San Tarsicio” de Joaquín Reina Baena (12º Premio) además de las menciones honoríficas por las muestras “Carlos” de Jesús Cisneros Rull, “Nadie te quiere” de Enrique Reina Pino, “Juanito 2º” de José Montero Berral, “Consuelo” de José Morales Carvajal y “Julia” de Manuel Berral.
Desastre de Annual, foto ABC
La historiografía nacional conoce como DESASTRE DE ANNUAL la derrota sufrida por las tropas españolas ante los rifeños comandados por Abd el-Krim (antiguo funcionario de la administración española) el 22 de julio de 1921 cerca de la localidad marroquí de Annual. El expediente Picasso cifra las bajas en 13.363 (10.973 españoles y 2.390 indígenas) frente a solo 1.000 rifeños. Consecuencia de ello, una crisis política inimaginable que desemboca en un gobierno de concentración nacional presidido por Antonio Maura (que cayó en marzo de 1922), tras él, los gobiernos de Sánchez Guerra y García Prieto y, finalmente, el Golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923 del general Miguel Primo de Rivera. En aquellos primeros momentos tras la Batalla de Annual, contingentes de soldados eran trasladados hasta Málaga para embarcar hacia Melilla. A su paso por las distintas estaciones de ferrocarril, aquellas tropas únicamente eran saludadas por alguna familia que salía a despedir a algún pariente… hasta pasar por la estación de Puente Genil, donde el alcalde Antonio Romero recibía a las fuerzas expedicionarias en la propia estación saludando y ofreciéndose a los jefes. En varias ocasiones, la prensa recoge cómo el alcalde pasaba en la estación horas y horas, días enteros sin dormir y sin comer (pensemos en los retrasos de aquellos viejos trenes de aquella vieja España), solamente porque tenía noticias del paso de algún tren, aún cuando esas noticias no fueran oficiales. Allí quedaba Romero en espera de algún contingente con parada prevista en Puente Genil, para atender e invitar a oficiales y tropa a algún refrigerio durante su parada en la villa.
Desastre de Annual, foto ABC
En noviembre de aquel nefasto 1921 la prensa cordobesa solicita a los poderes públicos (adhiriéndose inmediatamente la Comisión Provincial) le sea concedida la Cruz del Mérito Militar al alcalde Antonio Romero Jiménez, por sus desvelos en agasajar a cuantas tropas pasaban por Puente Genil con destino a África. No paró ahí la cosa: en diciembre de 1921, el mismo alcalde Romero organiza un viaje a Melilla, del que regresa a comienzos de 1922, a donde se traslada junto al diputado provincial Eugenio Ruiz Gálvez , únicamente para saludar y animar al medio centenar de hijos de Puente Genil destinados en aquellas tierras y hacerles entrega de importantes donativos. Los pontanenses destinados en África, obsequiados por los regalos de sus paisanos, enviaron una carta de agradecimiento al pueblo de Puente Genil, que fue publicada en el periódico local El Aviso, y redactada en los siguientes términos:
"En cumplimiento del encargo que nos dieron todos aquellos soldados hijos de Puente Genil que nos reunimos en Melilla, para recoger los encargos que por una comisión presidida por el alcalde don Antonio Romero nos ha mandado nuestro pueblo amado, tomamos hoy la pluma, con sumo gusto, para desde estos campos africanos, mandarle nuestro más sincero agradecimiento a cuantos paisanos llegaron a hacer el más leve sacrificio para enviarnos alguna cosa con que pasar unos momentos de satisfacción y alegría; aquí lejos de nuestras familias, y donde muy pocas veces hay ocasión de distraerse unos instantes.También para gran orgullo de todos, decimos a nuestro pueblo; que los donativos que se han dignado mandarnos hasta ahora, son los mejores y de más valía de cuantos han venido de España para este ejército, como también lo que ha alcanzado nuestra comisión para nosotros del Comandante general de esta plaza, no lo ha alcanzado, hasta aquí, ninguna de las comisiones que han venido. ¿Dar en las actuales circunstancias permiso a un soldado, que se halla cerca de cuarenta kilómetros, para que vaya a Melilla? es difícil. Pues bien; esto lo ha conseguido para más de cincuenta soldados que estamos aquí de Puente Genil nuestra comisión. También, para conocimiento de todos decimos, que nuestro paisano don Francisco Morales, nos obsequió a todos en el lujoso Restaurante del Príncipe, con un espléndido banquete que ya el periódico que se publica en esta plaza, elogió, y al que nosotros todos le agradecemos infinitamente.
Para terminar, desde estos tristes campamentos damos todos un fervoroso viva a nuestra comisión y a todo nuestro pueblo, por el buen comportamiento para con nosotros.
Firmado: J Deza y A. Morales, por Borbón.- M. Rivas y J. Luna, por –Sevilla.- J. Cabezas, por Lusitania.- R. Lanzas y J. Cornejo, por la Corona.- M. Lavado y J. Luque, por Garellano.- R. Estrada, por la Reina.- A. Beltrán, por Melilla.. R. Gil y J. Hidalgo, por la Artillería. Monte Arruit”.
Paso de tropas por la Estación de Puente Genil
con destino África
Tiempos difíciles, desde luego, pero tiempos en los que se descubren a los grandes hombres, aquellos que con generosidad y compromiso dan un paso al frente, no en busca del interés propio, sino del bien ajeno.

Tras la revolución bolchevique de 1917, se inicia en Rusia un tiempo de hambruna, de horror y miseria, por lo que el periódico El Sol hizo un llamamiento en 1922 a la población española para que, por medio de suscripciones, se recaudase el mayor número de recursos con los que poder aliviar aquella espantosa situación. Desde Puente Genil, otra vez Romero, siempre Romero, secundando aquella iniciativa del rotativo madrileño organizó un festival con el propósito de engrosar la suscripción del periódico, reuniendo en el Teatro Circo cuantos elementos necesitaba para celebrar una función con un lleno completo y un éxito definitivo. Tomó parte en el festival el dueto “Los Bery-Frey”, se exhibieron películas y se recitaron poesías alusivas al acto, siendo dirigida la orquesta por Blas, el popular maestro del Cine Ramírez. A esta función asistió Gabriel Morón Díaz tras salir indultado de la cárcel de Córdoba en la que se encontraba. Romerito mantuvo una relación magnífica durante muchos años con Gabriel Morón Díaz (1896-1973), uno de los más significados y activos socialistas pontanenses, que no solo fue alcalde de Puente Genil sino Diputado en Cortes

Gabriel Morón Díaz
Y como cuando falta el dinero, sobra la imaginación, lo propio hizo Romero organizando un partido de fútbol a beneficio del Hospital regentado por las RR.MM. Mercedarias, fruto del cual se recaudaron ciento veinte pesetas, que fueron entregadas a las Hermanitas.

En marzo de 1922, un mes antes de ser reelegido alcalde por mayoría absoluta de votos recibió Antonio Romero un telegrama de Madrid, comunicándole la concesión de la Gran Cruz del Mérito Militar. Con motivo de ello sus amigos abrieron una suscripción popular para regalarle la insignia. Un detalle que nos habla de la personalidad y compromiso de Romerito: el acto de imposición de la medalla debía haberse verificado en el Teatro Circo, pero se suspendió a petición del interesado quien, agradeciendo los buenos deseos de la Comisión organizadora y declarando sentirse honrado por tantos desvelos, suplicó que se desistiera de tal propósito, haciendo entrega a partes iguales a las Hermanitas de los Desamparados y a las del Hospital del remanente para soportar los gastos previstos.

Tras su reelección, además de conseguir una nueva bajada del pan hasta los 44 céntimos el kilo, instaló en la explanada del Molino del Marqués y abrió al servicio público una fuente abrevadero con dos caños, uno de agua potable y otro de agua del río para ganados y usos domésticos y construyó la “Carretera de Las Pitas”, actual camino de la Ribera Baja y que, partiendo de del callejón bajo conducía a la huerta de La Barca.

En julio de 1922, coincidente con el día de Santiago, tiene lugar la inauguración oficial de la Cruz Roja de Puente Genil, de la que Romero es nombrado Presidente Honorario, y participa en el desfile militar, en calidad de oficial de complemento agregado al Regimiento de Sagunto, desde la Iglesia de la Asunción del ex convento franciscano hasta el domicilio de la Asociación (para saber más, pinchar http://archivospontanos.blogspot.com.es/2011/05/maniobras-de-la-cruz-roja.html).

Cruz Roja en Puente Genil
A raíz del Golpe de Estado de Primo de Rivera y la consecuente renovación de todos los Ayuntamientos de España, Romero deja la alcaldía el 13 de septiembre de 1923.
Industria y Comercio 1923
En marzo de 1925 se constituyó en Puente Genil el triángulo masónico Pontón nº 11, que dos meses después transformaron en logia y denominaron 18 de Brumario nº 21. Romero fue designado junto con Gabriel Morón (Engels) representante de la logia en las asambleas anuales de la Gran Logia Regional del Mediodía de 1925, 1926 y 1928. En 1927 la logia, en la que se contabilizaban solamente 4 miembros tuvo que pasar a triángulo y en 1928, al incrementarse el número de masones con ocho miembros, pudo volver a existir la logia.

Al margen de la política la vida sigue sus pasos, su hija Conchita contrae matrimonio en junio de 1926 con Fernando Estrada García-Hidalgo, legendario Capitán del Imperio Romano de Puente Genil.

Mariano Reina Montilla (autor Modesto Montilla)
-Archivo Familia Reina-
En 1930, sucediendo a Antonio Delgado Gálvez, regresa a la Alcaldía de la que toma posesión el 12 de abril, elegido por una corporación con los siguientes concejales: como mayores contribuyentes, Francisco Reina Framis, Francisco Varo Ariza, Francisco Morales Delgado, Pedro Chavarría Curto, Enrique Bedós Adell, Antonio Delgado Gálvez Mariano Reina Montilla, Eligio Gómez Porras, Manuel Reina Noguez, Antonio Delgado Pérez, Enrique Reina Morales y Juan Delgado Bruzón; y como concejales procedentes de elecciones lo fueron José Mª Melgar Paladín, Luis Fernando Reina Noguez, Manuel Parejo Delgado, Manuel Berral Montero, Francisco Crespo Estepa, Pablo Estrada Haro, Zoilo Cabello Rejano, José Morales Cano, Desiderio Martínez Carrascosa, Antonio Almeda Morales y Julio Aguilar Borrego. Tantas eran las simpatías que Romero despertaba, tan unánime el reconocimiento a sus formas y a su labor al frente del Ayuntamiento, que en su toma de posesión como tal, en el traspaso de las insignias por parte del alcalde saliente Antonio Delgado Gálvez, el concejal Mariano Reina Montilla hizo uso de la palabra en medio de un gran silencio para trasladar las siguientes:
“Un deber de antigua amistad me impulsa a decir algunas palabras mal expresadas, pues no soy orador, pero inspiradas en la mayor sinceridad. Felicito públicamente a don Antonio Romero por su nombramiento de Alcalde y aun cuando no milito en su partido ni espero nada de esta situación, tengo que reconocer por ser de justicia que el Sr. Romero, en su etapa anterior dejó gratos recuerdos por sus dotes de mando, manteniendo el principio de autoridad a gran altura y realizando grandes mejoras urbanas que están en la memoria de todos, y aun cuando su administración municipal fue discutida y se le formaron varios expedientes, de todos ellos salió triunfante”.
A lo que el nuevo alcalde, tras agradecer las palabras de Reina, declaró :
“Vengo, a los seis años y medio, a volver a ocupar la presidencia del Municipio no siendo mi ánimo perseguir a nadie ni atropellar a ningún ciudadano; todo lo contrario, pues vengo dispuesto a continuar la obra emprendida de paz, equidad y justicia, pero justicia a todos. Al mismo tiempo, encontrarán en esta Alcaldía amparo en todos sus derechos, y muy principalmente la clase pobre, que por su condición ha sido la menos atendida”.
Antonio Romero en fotografía de El Aviso
Portada 7 de mayo de 1930
Con la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 Romero deja la Alcaldía. Cambios, revanchas, venganzas… pero aun así, incluso, la prensa poco afecta a Romero, reconocía sus méritos meses después de proclamada la República, tanto por haber hecho cumplir el respeto a la autoridad, como, además, haber hecho posible el suministro de medicamentos a enfermos pobres por todas las farmacias en completa libertad, pagando receta por receta y no a un tanto alzado, como se venía haciendo hasta entonces.

En 1933 se funda el Consejo provincial del Partido Republicano Progresista de Córdoba, de Niceto Alcalá Zamora, constituido por los presidentes de los Comités locales de los pueblos de la provincia y, además, por hombres de prestigio entre los que encontramos a Antonio Romero y que meses más tarde será elegido Presidente del Comité de Puente Genil y a quien acompañara Antonio Molina Ligero (vicepresidente), Francisco Ureña Esteban (secretario), Francisco Ortega Reina (vicesecretario), Leopoldo Ruiz Gálvez (tesorero) y, como vocales, José Rey Luque, Gregorio Cabello Cosano, Joaquín Lamela Werhger, Antonio Sánchez Navas y Rafael Gil Chacón

Repite experiencia el 8 de enero de 1936, tomando posesión del sillón presidencial de la Corporación municipal, esta vez al frente de la Comisión Gestora designada el día anterior por el gobernador civil de Córdoba, Antonio Cardero Veloso. Le acompañaban en esta nueva aventura Antonio Molina Ligero y Luis Gálvez de la Cámara (tenientes de alcalde), Desiderio Martínez Carrascosa (síndico), Manuel Gálvez Navarro, Miguel Chacón Castuera, Francisco Illanes Calzado, Rafael Porras Gálvez y Bernardino Solano Pérez. No obstante, las presiones de la derecha contra Romero, obligaron al gobernador civil a destituir a todos los integrantes de la Comisión Gestora, excepto a Bernardino Solano quien, sin embargo, no acudiría ni a la toma de posesión de la nueva Gestora, ni a la única sesión celebrada el 13 de febrero, antes de su cese el día 20 de aquel mes (las elecciones se celebraron el 16 de febrero). Esa nueva gestora estaría presidida por Manuel Vergara García-Hidalgo, Valentín Valeriano Gil Rey, Rafael del Pino García Hidalgo y Juan Jiménez Velasco (tenientes de alcalde), Francisco Chacón Yerón y José Fernández Morales (síndicos), casi todos ellos pertenecientes a la CEDA. Manuel Vergara llevaba entre sus proyectos la construcción de los caminos vecinales de Cordobilla y Sotogordo, y de los grupos escolares del pueblo y de las Riberas, el agua para Sotogordo y la instalación de un teléfono en las escuelas de cada Ribera.

El 18 de julio de 1936 se produce el levantamiento militar que arrastra a España a una Guerra Civil, a la ruina, al hambre, al odio y a la desesperanza. Antonio Romero Jiménez, alcalde de su pueblo en tres ocasiones, hombre querido y respetado, capitán honorario de la Legión (en algunas fuentes hemos leído comandante honorario), íntimo amigo de Queipo de Llano (a quien acogió en su casa cuando el movimiento de diciembre de 1930) y amigo también de otros militares africanistas, incluidos Millán Astray (el General Valenzuela, que lo sustituyó, le trajo un capote con el escudo de la villa bordado) y el propio Franco, por haber permanecido fiel a la República, sus antiguos amigos decidieron aplicar el más duro de los castigos, convertirlo en víctima ejemplarizante, siendo así el único ajusticiado por garrote vil en la provincia de Córdoba. La pena se ejecutó, tras Consejo de Guerra, en Puente Genil el 24 de octubre de 1939
Vista de la calle Don Gonzalo y antiguo Ayuntamiento, primeros años siglo XX







Nota:
Gracias de nuevo al General de División D. José Carlos de la Fuente Chacón, Director del Instituto de Historia y Cultura Militar, y al Coronel D. Diego Quirós Montero, director del Archivo General Militar de Segovia, indagamos sobre la hoja de servicios, el expediente militar de Antonio Romero. Al no hallarse entre los archivos del Segovia y habiendo sido oficial de complemento y comandante (o capitán) honorario del Tercio, era posible que su expediente se encontrase en la Brigada de Infantería Ligera “Rey Alfonso XIII” (La Legión), localizada en Viator (Almería), con quien contactamos a tales efectos. Sin embargo, ni en Viator ni en el resto de los Tercios de la Legión se encontró el expediente de Romerito.

Fuentes consultadas:
  • QUIROSA CHEYROUZE Y MUÑOZ, RAFAEL. Gabriel Morón Díaz (1896-1973). Trayectoria política de un socialista español.
  • LUQUE ESTRADA, FRANCISCO. Puente Genil, 82 años de historia. 1900-1982.
  • Diario de Córdoba 1901, 1921, 1922, 1923, 1933
  • Defensor de Córdoba 1904 a 1906, 1920
  • Panorama 1907
  • El Aviso 1911, 1913, 1917, 1919, 1920, 1922, 1930
  • La Voz 1921, 1922, 1926, 1930, 1931, 1936
  • El Progreso 1921
  • El Sol 1922
  • La Acción 1923
  • Industria y Comercio 1923
  • Política 1930
  • Anuario regional descriptivo, informativo y selección de la industria, comercio, agricultura, profesiones, arte y turismo de la región de Andalucía y Norte español de África, 1932
  • Ágora 1936
  • Guión 1936
  • Milicia Popular 1936
  • La Hoja del Lunes 1936
  • La Libertad 1936
  • Azul 1939